¡Vamos a cambiar la historia de Colombia!

Queridos colombianos y colombianas:

Escribo este texto desde lo más profundo de mis convicciones personales, y desde los más íntimo de mis sentimientos de mujer, de madre, de abuela y de lideresa social y política a quien ha correspondido la gran responsabilidad de acompañar como fórmula vicepresidencial a Gustavo Petro con quien, contando con su apoyo, queremos avanzar en el proceso de construcción de una Colombia Humana, un país en el cual quepamos todos y todas, una nación que se fortalezca a partir del reconocimiento y la valoración de nuestra diversidad, y que empiece a dar pasos firmes para transitar hacia una era de paz que nos ha sido tan esquiva.

 

Llegué a la política de la mano de Antanas Mockus, a quien acompañé a desarrollar la política social en Bogotá durante su segunda alcaldía y gané la Cámara de Representantes en 2010 como vocera de ese maravilloso movimiento ciudadano que fue la Ola Verde. En mi labor parlamentaria defendí los derechos de las víctimas, apoyé todos los esfuerzos por alcanzar un acuerdo negociado que pusiera fin a esta casi centenaria historia de violencia política, defendí el derecho de nuestros niños y niñas a tener una alimentación saludable, que respete los valores de su cultura y que genere oportunidades económicas para las regiones donde ellos y ellas reciben atención, denuncié las irregularidades que ocurren en relación con el Programa de Alimentación Escolar-PAE, al igual que otros programas destinados a quienes mayor necesidad tienen de contar con una red que los proteja de los infortunios de la Vida. Los recursos públicos son sagrados. La Vida es sagrada y hoy una disminución de estas enormes brechas que separan nuestro país, es posible.

 

Y quiero detenerme en este punto, porque sé que a veces cuando se habla de la necesidad de generar mayor igualdad en Colombia, se piensa que se está abogando por sistemas totalitarios que niegan la libertad individual, la iniciativa económica, o el derecho a disfrutar de los frutos de la laboriosidad propia. Nada más lejano del proyecto de la Colombia Humana. Por el contrario, de lo que se trata es de crear oportunidad para que todos y todas, desde los grandes centros urbanos hasta las zonas remotas de nuestra geografía, desde el Caribe mágico, la región andina que parece a veces una hermosa colcha tejida por nuestras abuelas, el pacífico, que tanto nos ha enseñado en términos de resistencia y de lucha por la Vida y por la Paz, la inmensa Orinoquía, tierras inmensas que habrá que incorporar a la producción, no solo agroindustrial, sino también de bienes propios de la economía campesina que deben ser la despensa para que jamás falte un plato en la mesa de nuestras familias, desde el bello territorio insular de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, con su mestizaje que compartimos todos y todas, de nuestras comunidades indígenas y nuestras poblaciones afro, que tanto nos han enseñado sobre cómo establecer una relación respetuosa con la naturaleza.

Con la inversión social en salud, educación, agua potable y saneamiento básico; con el cuidado de las madres gestantes y de sus hijos recién nacidos; con las carreteras veredales que hagan posible que los productos lleguen a sus mercados; con la asistencia técnica para incrementar cada vez más la productividad, desataremos una enorme, una irresistible energía que hará posible que el crecimiento económico sostenido tenga, por primera vez en nuestra historia, un carácter incluyente y armónico.

 

 

Yo hago parte de esa clase media que es el pilar de las democracias contemporáneas. Soy, como muchos de Ustedes, fruto del esfuerzo denodado de mis ancestros y del mío propio por ir construyendo un patrimonio que sirva de sustento al desarrollo de la familia. Ese patrimonio será respetado sin cortapisa alguna, como lo será toda forma de propiedad que se ejerza de conformidad con la función social y medioambiental que le señala la Constitución Política de 1991. Se buscará sí, porque así lo exigen las ideas de eficiencia económica y de ética social, que el latifundio improductivo se transforme, y que los productores agropecuarios tengan acceso a la tierra para que con su trabajo honesto, no sólo garanticen nuestra seguridad alimentaria, sino que contribuyen a la diversificación de los productos exportables. Este país nuestro es inmensamente rico. Nadie debe sentirse amenazado cuando se plantea la necesidad de que las personas tributen de conformidad con su capacidad económica, ni que los gastos sociales deben estar especialmente dirigidos a quienes necesitan de la solidaridad de la sociedad de la que hacen parte para dar los primeros pasos que lo pongan en la ruta de ser capaz de brindar bienestar a su familia y demás seres queridos, como lo hacemos muchos con esfuerzo y sano orgullo.

 

Nuestra historia está llena de frustraciones de los anhelos de la mayoría de la Nación. A veces mediante la violencia, y otras mediante la intimidación y el engaño, se han frustrado repetidos intentos de construir una verdadera Nación, donde todos podamos contribuir en la creación de la riqueza colectiva, y podamos participar en forma equitativa del esfuerzo común. Hoy tenemos una oportunidad, que no se repite sino de cuando en vez, de abrirle paso a un gobierno comprometido con la justicia social, con el respeto a nuestra diversidad, con la protección de nuestra riqueza medioambiental, con la promoción de mayor equidad entre géneros, etnias, grupos poblacionales y regiones, y que a través de la convocatoria a la inmensa e inexplotada capacidad creativa de los colombianos y colombianas, siente las bases para esa sociedad en Paz que todos anhelamos y merecemos.